Vitoria-Gasteiz, vienes o te vas

Plaza de la Virgen Blanca

Vitoria-Gasteiz

Hablar sobre el equipo rival siempre resulta sencillo. Se puede criticar al entrenador, ensalzar al centrocampista o acordarse de los familiares del delantero centro que te hizo perder el último encuentro. Pero hablar sobre tu propio equipo… Eso resulta muy complejo. Puedes caer en el forofismo más acérrimo que te haga pensar que tienes 11 dream-teams en uno… O puedes disfrazarte del más cenizo de los seguidores aludiendo a que “no juegan a nada” y “no echan lo que tienen que echar”. Por eso, hablar o escribir sobre Vitoria-Gasteiz no resulta nada fácil. Creo que no nos equivocamos si la mayoría nos tildamos de forofos, pero también de críticos. Tampoco creo que erráramos el tiro si dijéramos que lo más sencillo resulta criticar al entrenador o a la Junta Directiva.  Podemos también echar la culpa al estado del césped… o al árbitro, que en este caso no sé quién es…

“De unos años a esta parte, tengo la sensación de que Vitoria-Gasteiz más viene que va.”

No hablo de crisis económica, de recesión… Hablo de un vitorianismo mal entendido que nos hace incapaces de dar dos pasos hacia adelante sin mirar atrás. Creo que podemos afirmar sin tapujos ni vergüenzas que quienes conformamos Vitoria-Gasteiz (doy por sentado que generalizar siempre es erróneo) tenemos una mentalidad de pueblo rodeado de colinas que nos impide ver más allá de los picos más altos. Pero ni vemos ni queremos ver. Algunos se ponen de puntillas pero la realidad enseguida les obliga a posar sus talones sobre la acera.

“Es acojonante que teniendo un patrimonio esté escondida esta ciudad” #einnobar #marcaciudad

— Rebka Mtz de Aguirre (@RE13EKA) October 17, 2013

Vitoria-Gasteiz es un pueblo, más o menos grande, con mentalidad de pueblo. Llevamos muchos años viendo pasar la vida, nuestra vitoriana y ‘acomodada’ vida sin darnos cuenta de que nos encontramos en punto muerto. Llevamos muchos años alardeando de las bondades de nuestra ciudad (que las tiene a puñados) pero sin apreciar ni, incluso, conocer las joyas que tenemos escondidas en nuestras entrañas. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Carecemos de cultura más allá de esas cumbres montañosas, de orgullo por nosotros/as y por lo que tenemos, de perspectivas de futuro en mayúsculas. Nos hemos quedado estancados en una postal fija, en una instantánea de fotomatón en la que ni ciudadanos/as ni políticos somos capaces de ponernos de acuerdo ni para arreglar el caño de la fuente de la esquina.

Creo que otras capitales han sabido aprovechar nuestra mentalidad ‘pueblerina’ para adelantarnos por la derecha y por la izquierda, saludándonos por la ventanilla mientras nosotros nos empeñábamos en contemplar el paisaje y las vacas terreñas… Creo que nuestra extraordinaria ciudad camina por inercia, carente de dar ritmo de caza a una modernidad, una mentalidad abierta que se nos escapa. Y no es la crisis galopante, no nos engañemos. Somos nosotros/as, todos/as, ciudadanos/as y políticos que un día decidimos que teníamos una ciudad tan bonita que no merecía la pena acercarla hasta el siglo XXI. Así nos luce el pelo… Y a más de uno hasta se le ha caído.

¿Hay futuro para Vitoria?

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    • Gorka Corres

      Sergio:

      Intuyo autocomplacencia colectiva por lo que he leído, cierta, entonces, ¿qué podemos hacer como ciudadanos para acercarla al siglo XXI?

      Saludos,

      Gorka