El Buey, la Mula y el Papa

Portal de Belén

Comunicar genera en ocasiones un efecto positivo, en otros negativo y en otros más ni fu, ni fa, sino todo lo contrario. Puede comunicar Rita la Cantaora, Leonardo Dantés o Jose Mourinho y, en cada caso, el efecto es diferente. Es decir, el efecto de la comunicación resulta directamente proporcional a la entidad del comunicador. De la misma manera, la trascendencia de la comunicación también es directamente proporcional al mundo del que estamos hablando. Por ejemplo, la repercusión de un terremoto en Nueva York con el saldo de 1 herido leve es infinitamente mayor a la de un movimiento sísmico con 50 muertos en Mogadiscio, donde morir no resulta noticia. Pues bueno, el Papa habló hace poco. Quieto todo el mundo. Que no se meneen ni los ateos. Y, más que hablar, escribió, que ya queda para la eternidad. Y no se crean que dijo Paparruchadas. Nada de eso. Escribió y rompió moldes per secula seculorum. En el portal de Belén no había ni rastro de buey ni de mula. Ahí es nada. Quizás no existiera ni el propio portal. Yo creo que sería por una cuestión de espacio, porque no habría oxígeno para todo el mundo y un buey con constipado tiene que consumir mogollón. O quizás porque el buey y la mula nunca miraban de frente a la cámara y salían mal en las fotos. Benedicto XVI terminó de un plumazo con 20 siglos de tradición “bueyil” y “mular”, con el trabajo ingente de Noé y su arca, con miles y miles de horas y horas de curro de belenistas de todo el mundo y, lo que es más importante, con la ilusión de mi hija la pequeña.

Así es, mi hija la pequeña me vino ese mismo día a casa diciendo que le habían dicho en clase que para representar el belén ella tenía que hacer de… buey. ¿Qué le digo yo a mi hija la pequeña? Que el Papa ha dicho… No, que le lío. Que voy a hablar con el Papa… No, que me llevaría tiempo… Benedicto XVI debería haber pensado en los traumas infantiles antes de escribir cosas tan fuertes. Por no hablar de la tremenda decepción que se llevarían, en caso de que se enteraran, los bueyes y mulas del mundo. Pero si es que, ¿qué papel les queda en esta vida a los bueyes y mulas si ya no pueden ni tumbarse en Navidad en el portal de Belén? ¿Para qué sirven ambos especímenes en pleno siglo XXI si no es para salir en la foto junto a María, José y Jesús? No descarten un 15M animal en pro de unos derechos históricamente adquiridos. ¿Qué será lo siguiente, Benedicto? ¿Que José no era carpintero? A este paso trabajará en Media Markt…

    Esta entrada fue publicada en Comunicación. Guardar el enlace permanente. Añade un comentario o deja un trackback: URL del Trackback.
    Dejar un comentario

    Nos encantaría conocer tu opinión. Por favor, procura que tus comentarios estén relacionados con esta entrada. Intenta también respetar a los demás lectores de este blog. Los comentarios off-topic, promocionales, ofensivos o ilegales serán editados y borrados.