Descanse en paz, Ben Bradlee

Ben Bradlee

Ben Bradlee

Hace unas semanas falleció Ben Bradlee. Tenía 93 años de edad, un mazo de años, pero además vividos a toda mecha. Bradlee no fue un estadounidense más que dejó el mundo ese día. Fue un ‘yankee’ único, probablemente irrepetible, un periodista que forzó la dimisión del hombre más poderoso del mundo, todo un presidente de los Estados Unidos como Richard Nixon.   Bradlee, como director de ‘The Washington Post’, así como Bob Woodward y Carl Bernstein, como redactores, fulminaron y despacharon por la puerta de servicio a un intocable como Nixon en un escándalo que pasó a la historia como el ‘Caso Watergate’. El adiós de Bradlee supone la desaparición de un hombre que, echando mano de su profesión, de sus herramientas, de su investigación, de sus desvelos… cambió el rumbo de la historia. Puro y duro. Así de claro. Porque uno no hace bajarse de su poltrona presidencial a todo un ‘sheriff’ de los United States todos los días…   Repartidor de periódicos en su juventud en su Beverly natal, Bradlee fue ascendiendo en el escalafón periodístico hasta convertirse en director del ‘The Washington Post’ en 1968. Por aquel entonces, este diario no era ni el más importante de la capital. Veintitrés años después, en 1991, abandonó el cargo tras haber hecho historia dejando a su periódico como uno de los más influyentes del mundo. Hace unos años, Barack Obama le entregó la Medalla de la Libertad. De él dijo entonces: “Su pasión por la veracidad y su incansable búsqueda de la verdad siguen estableciendo las bases del periodismo”.   Hoy en día, la comunicación no tiene mucho de raza, sino de intereses viciados, de tufillos malolientes al servicio del que más paga. Esas famosas manchetas que rezaban “Diario Independiente de la Mañana” suponen todo un insulto a la inteligencia. La información partidista se ha adueñado –salvo honrosas excepciones- del panorama desinformativo. Ya no se informa, se tergiversa. El lodazal de los medios de comunicación amenaza la veracidad de la gran mayoría de las noticias, como una rueda sin principio ni fin, de la que descabalgarse supone una herejía para los mandamases de las cadenas, de cada emisora, de cada diario… Yo creo que hasta nos engañan con la información meteorológica con la excusa de que “los modelos están muy cambiantes…”. Descanse en paz, Ben Bradlee.

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    • Gorka Corres

      Que nunca dejen de existir Jordi Évole, Mikel Ayestaran, Intermedios de cada noche que nos hagan sentir orgullo del buen periodismo.