COOPERATIVAS, GESTIÓN DE PERSONAS

Imagen del logotipo de Fagor

Mal momento para un modelo, mal momento para una forma de gestión y de entender la vida. El tremendo mazazo que ha supuesto para la sociedad-economía-moral vasca la entrada en concurso de acreedores por parte de Fagor Electrodomésticos ha puesto sobre la mesa –por parte de algunos, con fines interesados o no- el debate sobre todo un modelo de gestión de empresas vital para la economía del País Vasco. El modelo cooperativo vasco alrededor de Mondragón surgió hace más de medio siglo como una modelo diferente de organizar una forma de trabajo y de vida. Desde entonces, con especial mención en la comarca del Deba, su desarrollo ha venido de la mano de unos niveles de desempleo únicos, con empleo pleno en la práctica, orgullo en un marco macroeconómico tan variable y tan dependiente del mercado como en el que nos encontramos.

Pero, después de años inmersos en un periodo de crisis tan tremendo como el que seguimos atravesando en la actualidad, la bomba estalló en Fagor Electrodomésticos. Drama absoluto para miles de familias y drama moral para una firma, un grupo, que parecía al margen del bien y del mal.

El mazazo vivido en Fagor Electrodomésticos ha sido aprovechado por algunos para poner en cuestión la base de la pirámide, el modelo cooperativo en sí. Desde distintas esferas se apuntan como posibles causas de este golpe en la línea de flotación del Grupo Mondragón a la persistencia continuada de tres dificultades en el propio modelo: en primer lugar, la dificultad para conseguir capital ajeno al de los propios cooperativistas con el propósito de acometer la financiación de procesos de crecimiento no basados en la generación de recursos propios; en segundo término, la propia naturaleza del modelo cooperativo, que detenta una dificultad reseñable para atraer y retener gestores altamente cualificados; y en tercer lugar, la tremenda crisis económica actual, que complica en grado sumo la obtención de capital o crédito.

Hablar de los males cooperativos en estos momentos supone hacerlo a favor de corriente. Al parecer no cuentan los 50 años vividos de pleno empleo, ser un modelo referencial en el mundo, la generación de múltiples innovaciones, los valores aportados en su filosofía, la apuesta por la persona, los sólidos pilares que siguen manteniendo como líderes a otras muchas empresas del Grupo Mondragón y a otras empresas cooperativas de muy diversas índoles y procedencias… Muchos parece que no se han puesto a pensar que, quizás, el origen del drama de Fagor Electrodomésticos puede no encontrarse en el modelo cooperativo como tal, sino, en esencia, en el error o en el acierto a la hora de encarar determinadas decisiones estratégicas. Hablamos de gestión de personas, no de modelo de gestión.

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    • Gorka Corres

      Hola:

      Desde la distancia sólo puedo decir que estoy bastante de acuerdo en los motivos que exponéis. Se ha fallado en muchas cosas.

      Hay una cosa que quiero añadir, la falta de información que han transmitido incluso cuando todo iba genial. Vivir sin comunicar tiene consecuencias y tengo dudas de si las generaciones actuales entienden lo que significa el cooperativismo porque nadie desde dentro se ha parado a explicárselo.

      ¡Saludos!

      Gorka